Saturday, March 21, 2009

Atrapados en casa

I.
Nuestra casa se sentía diferente. El perro desde el día anterior había sido recluido en sus cuarteles de verano, es decir aquel refugio que a cambio de dinero o eterna gratitud, estuviera dispuesto a aceptarar su anodina presencia. Así, sin perro, nuestra silenciosa casa ofrecía una atmósfera inusual. No estaba especialmente ordenada o limpia, transmitía la sensación de espacios estériles como los hospitales y los hoteles--los basureros vacíos, nada a medias.
Como suele ser el caso, había seleccionado meticulosamente una muda de ropa que, además de ser cómoda y versátil, era elegante y reflejaba--en la medida de los posible--mi sentido de estética y estilo. El espejo me reflejaba sin la ansiedad que acumulaba por dentro. Las valijas ya estaban en el coche.
Nos cercioramos innumerables veces que todo estuviera cerrado, apagado o desconectado. Recordé a mi madre abriendo la biblia, en un pasaje cualquiera, sobre la mesa del comedor y bendiciendo nuestra casa antes de los viajes. Yo no lo hice.
Era el 17 de julio, una fecha que si bien no era del todo deliberada, había cobrado carácter simbólico. Partía hacia España en el aniversario de la insurrección franquista--mi personal reconquista, la decolonización de mi imaginario.
El aeropuerto supuso las incomodidades que todos conocen más la ritual revisión adicional, la cual he empezado a apreciar, pues me evita esperar en la cola.
Esperar, esperar, esperar, como es normal en estos casos. La información en la pantalla no parece actualizada, no refleja el itinerario. Pregunto en el mostrador, sugiriendo que podría perder mi conexión. Me responden que descuide y que pronto me darán información más precisa.
El tiempo es bueno pero el vuelo a Nueva York ha sido cancelado. No lo sabíamos, pero una tubería estalló en la ciudad, el vapor comprimido causó pánico entre los habitantes y autoridades que mantienen frescas memorias de la gran tragedia de nuestros días.
De vuelta a casa, sin perro, cambiando planes y pasajes. Ya no iré a Sevilla si no a Málaga. Aún no lo sé--pero mi visita a Madrid será solo un viaje en metro entre Atocha y Chamaratín. Estamos atrapados en casa.

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