Efectivamente, hace un par de semanas se estrenó la adaptación cinematográfica de la novela de Saramago. Sin entrar en una crítica detallada, me permito opinar que se trata de un filme sólido y sobrecogedor. Me resulta complejo emitir juicios de valor comparando la magistral prosa del novelista portugués y la violenta y lúcida puesta en escena del director brasilero.
Me permito, sin embargo, cuestionar la lectura alegórica hecha por el comentarista. Reconozco que admite basarse en un recuerdo distante, evidenciado en la inexactitud de su referencias (no es una mujer sino un hombre la primera víctima de la ceguera) y que sus opiniones están mediadas por un texto de la revista newsweek, en otras palabras: no ha visto la película.
Contrastando con la poco convincente desvinculación ideológica que sugiere el autor del editorial, me permito ofrecer mi personal lectura sobre el texto de Saramago. Empiezo por clarificar que Saramago, un comprometido intelectual de izquierda, requiere una lectura menos simplista de la que podemos ofrecer en estas líneas. Son, la novela y el filme, textos vivos que propician en el lector/espectador futuros cuestionamientos en ejercicio del poder. Saramago parece sugerir, ¿De qué sirve ver cuando todos los demás están ciegos? Frente de la más pavorosa realidad, hordas desumanizadas se autodestruyen buscando solamente satisfacer sus necesidades primarias, sin entender que es esta conducta, la que los guía a su propio exterminio.
Me gustaría compartir con el comentarista la poderosa secuencia final del filme, que si bien es fundamentalmente igual a la de la novela, propone una desgarradora contradicción. Al hacerlo podría arruinarle la experiencia de ver la película, lo cual evidentmente el editorialista no ha hecho. Termino por recomendar la lectura de Ensayo sobre la Lucidez, obra en que Saramago más específicamente explora los límites de la democracia.
Thursday, October 23, 2008
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